DIEZ TONELADAS DE BESOS. Para "N"

Un amor que aletea segundo a segundo, sin jamás detenerse, al que los vaivenes del viento mueven, como a una flor alpina chiquitita, por las morrenas sentimentales que la vida ha ido formando en mi corazón. Un amor que asoma medio cuerpo por la borda de la intimidad para ver el declinar del sol, y poder esmaltarse con los brillos dispares y distantes de las estrellas.

Cuando ya el peregrino cuestionaba la veracidad del alma y sus labios y sus párpados comenzaban a arder de pura soledad, cuando para buscar el nómada su acomodo entre las horas le quedaba sólo el recurso de recrearse en el que -hasta entonces- había sido su destino, apareciste tú.

Cuando ya el soñador dudaba de haber estado de verdad alguna vez realmente enamorado, y su virgen vestal era tan solo en esos días amargos, un cuarto de varón, baldío, lleno de libros y tristeza, apareciste tú.

Y contigo vino, vino contigo ese amor que contagiaban tus labios y tus rubores cuando sonreías, ese mismo amor que trasladaban hasta mi piel tus manos dulces, y sudorosas, al acariciarme.

El bendito me sedujo, me apaciguó y se apoderó de mí para siempre. Me conoció, me aceptó y se apoderó de mí para siempre.

Y -tu cuerpo a mi lado- veo como se encienden las farolas desde la terraza de nuestra casa a oscuras. Y los juegos de los chavales en la acera de enfrente clarean y dinamizan, mientras plasmo tu talle con mi palma diestra, nuestra felicidad. ¿O no pertenece en justicia el amor a los niños?.

Respiro... y el viento me refresca como nunca, porque caminas cogida de mi brazo. Bebo vino y el caldo me sabe nuevo, delicioso, porque eres tú la que me lo escancia. Las torres de las catedrales son ahora más esbeltas que nunca y las filigranas de piedra, perfectas, porque te encuentras a mi lado. ¿Y el tiempo?. El tiempo discurre como una sonatina romántica deslizándose entre tus cabellos acunado por tus palabras. Pasa lentamente, susurrándonos, acariciándonos, contándonos lo mucho que nos quiere y como nos conducirá con él hasta el futuro. Pasa con pereza, displicente, comiendo uvas verdes, e higos, y tarareando bajito su historia. Una historia vulgar para los ignorantes, los crueles y los turbios. Una historia de amor para los enamorados. Como la que yo comparto contigo desde que nos conocimos. Como lo estoy yo de tí y voy a estarlo ya para siempre. ¡Te quiero!.

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PARA LEER: Los Novios (GIUSEPPE MANZONI)

PARA ESCUCHAR: Abandoned Garden (MICHAEL FRANKS)